Estas palabras fueron rescatadas en la orilla de un espejo roto.
Aquí se reproducen respetando su orden en el momento del hallazgo.
Mis lectores sabrán descubrir nuevas formas de combinar sus ecos.
La voz antigua de un barco te vomitó en la orilla del río. Las olas, generosas, te acercaron, pero en seguida, mezquinas de tu aliento sobre la geografía de mi cuerpo, te extraviaron nuevamente.
Ahora, sobre estas páginas en blanco, intento trazar tu recuerdo, atar tu presencia a los renglones, arrebatar tu nombre a la marea.
Cobijada a la sombra de este Sur, aferrada a un poco de música, a las comas, a las pausas, a las fechas alineadas de los aniversarios, trazando la condena del recuerdo, esperaba el timbre de tu voz para amanecer, otra vez, de mis entrañas.
Se diluye el olor de la pólvora sobre la piel transpirada de la noche.
Quedan las botellas vacías, las miguitas de pan, y el silencio, esparcidos sobre el mantel mojado.
Lavo los platos sucios, froto los recuerdos adheridos al borde de las copas hasta hacerlos brillar.
Sé que todo va a estar bien mañana, pero antes, será necesario atravesar las sábanas, descascarar la epidermis de los sueños, desovillar las horas enredadas en las agujas del reloj, y atar las cuatro puntas de la espera a los cuatro bordes del alba.
Sólo así despertaremos juntos, otra vez, al olor del café con leche y las tostadas.
Este verano será el bastidor donde bordar mi escote.
Usaremos flores secas, dibujos chinos, y la cadencia que esconde los secretos de una vieja melodía.
Hilo, aguja, tijera.
Elegí botones, abrí ojales. Usé mis sueños para trazar los moldes. Puños y cuello. La curva de la sisa.
Entretejí colores. Zig zag. Sulfilé los bordes.
Alisé meticulosamente las arrugas de una pequeña desilusión y la prendí al corpiño con puntadas invisibles, dando forma entre mis dedos a sus pétalos de arena.
Después, el tiempo hizo la trama, cada vez, más y más densa, hasta ocultar el horizonte.
Ahora, será necesario rasgar la piel de seda de la noche, para estrenar mi vestido de novia.
Necesito hallar un conjuro que me haga olvidar las páginas mojadas donde perdura la sombra de aquella mujer:
Profunda, como el río que besa el ruedo de su falda. Fría, como el agua del río que besa el ruedo de su falda. Silenciosa, como la noche en el centro del río que besa el ruedo de su falda. Deshilachada, como el ruedo de la falda que acaricia la superficie inquieta de este río.
Me llamo Ada Fanelli, soy licenciada en Psicología Social e intento colaborar restañando heridas del alma como quien achica el agua de la nave en la tormenta. Amo el arte como expresión porque ayuda en la vida. Pinto a veces y a veces escribo poesía y algunos cuentos como forma de mostrar lo que pienso y siento. Muchas gracias por acceder a mi blog. Espero que te guste y vuelvas. AF