
A estas horas, la fiesta
ya no tiene esperanzas.
Se diluye
el olor de la pólvora
sobre la piel transpirada de la noche.
Quedan las botellas vacías, las miguitas de pan,
y el silencio,
esparcidos sobre el mantel mojado.
Lavo los platos sucios,
froto los recuerdos adheridos al borde de las copas
hasta hacerlos brillar.
Sé que todo va a estar bien mañana,
pero antes,
será necesario atravesar las sábanas,
descascarar la epidermis de los sueños,
desovillar las horas enredadas en las agujas del reloj,
y atar
las cuatro puntas de la espera
a los cuatro bordes del alba.
Sólo así
despertaremos juntos, otra vez,
al olor
del café con leche y las tostadas.
ya no tiene esperanzas.
Se diluye
el olor de la pólvora
sobre la piel transpirada de la noche.
Quedan las botellas vacías, las miguitas de pan,
y el silencio,
esparcidos sobre el mantel mojado.
Lavo los platos sucios,
froto los recuerdos adheridos al borde de las copas
hasta hacerlos brillar.
Sé que todo va a estar bien mañana,
pero antes,
será necesario atravesar las sábanas,
descascarar la epidermis de los sueños,
desovillar las horas enredadas en las agujas del reloj,
y atar
las cuatro puntas de la espera
a los cuatro bordes del alba.
Sólo así
despertaremos juntos, otra vez,
al olor
del café con leche y las tostadas.
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