
Concedido por el reloj, como de limosna.
se instala, al fin, el adiós
para reanudar el fluir de la corriente.
El agua que enjuaga las plantas de mis pies,
blanquea antiguas culpas sobre las rocas.
A lo lejos,
un pez,
un barco,
se mecen
y
brilla
la estela de un ángel abandonada
a las olas.
se instala, al fin, el adiós
para reanudar el fluir de la corriente.
El agua que enjuaga las plantas de mis pies,
blanquea antiguas culpas sobre las rocas.
A lo lejos,
un pez,
un barco,
se mecen
y
brilla
la estela de un ángel abandonada
a las olas.
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