
Cada mujer es un barco.
El viento, alrededor,
el cielo,
la mar,
intentan conducirla
a su destino.
Tantean.
-¡Ven!
-le dicen- indecisa,
sigue tu camino.
¡Aquí está el surco!
¡Hunde tu quilla!
Pero cada mujer,
temerosa
de cruzar rumbos con la tormenta,
huye.
Entonces, la mar se hace
cuerpo de hombre
brazos de hombre
piernas de hombre hasta alcanzarla.
Acaricia sus flancos,
moja su cubierta.
Ella, recién en ese instante,
abandona la mano con
que guiaba el timón
y se suelta.
El viento, alrededor,
el cielo,
la mar,
intentan conducirla
a su destino.
Tantean.
-¡Ven!
-le dicen- indecisa,
sigue tu camino.
¡Aquí está el surco!
¡Hunde tu quilla!
Pero cada mujer,
temerosa
de cruzar rumbos con la tormenta,
huye.
Entonces, la mar se hace
cuerpo de hombre
brazos de hombre
piernas de hombre hasta alcanzarla.
Acaricia sus flancos,
moja su cubierta.
Ella, recién en ese instante,
abandona la mano con
que guiaba el timón
y se suelta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario