
En medio de la siesta,
irrumpe una lancha,
como un potro.
Los juncos se sacuden,
intentando, inútiles, la huida.
Mientras, las casas estiran sus patas,
entre el follaje taciturno.
Agotados sus pasos,
la mujer se deja caer sobre la hamaca.
Contempla,
con los ojos abiertos como flores,
el río marrón,
las islas,
el agua que se marcha lejos,
como si se marchara de ella.
Y también suspira.
irrumpe una lancha,
como un potro.
Los juncos se sacuden,
intentando, inútiles, la huida.
Mientras, las casas estiran sus patas,
entre el follaje taciturno.
Agotados sus pasos,
la mujer se deja caer sobre la hamaca.
Contempla,
con los ojos abiertos como flores,
el río marrón,
las islas,
el agua que se marcha lejos,
como si se marchara de ella.
Y también suspira.
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