
Este verano será el bastidor donde bordar
mi escote.
Usaremos flores secas, dibujos chinos,
y la cadencia que esconde
los secretos de una vieja melodía.
Hilo, aguja, tijera.
Elegí botones, abrí ojales.
Usé mis sueños para trazar los moldes.
Puños y cuello.
La curva de la sisa.
Entretejí colores.
Zig zag.
Sulfilé los bordes.
Alisé meticulosamente las arrugas de una pequeña desilusión
y la prendí al corpiño con puntadas invisibles, dando
forma entre mis dedos a sus pétalos de arena.
Después,
el tiempo hizo la trama, cada vez,
más y más densa, hasta
ocultar el horizonte.
Ahora,
será necesario rasgar la piel de seda
de la noche,
para estrenar mi vestido de novia.
mi escote.
Usaremos flores secas, dibujos chinos,
y la cadencia que esconde
los secretos de una vieja melodía.
Hilo, aguja, tijera.
Elegí botones, abrí ojales.
Usé mis sueños para trazar los moldes.
Puños y cuello.
La curva de la sisa.
Entretejí colores.
Zig zag.
Sulfilé los bordes.
Alisé meticulosamente las arrugas de una pequeña desilusión
y la prendí al corpiño con puntadas invisibles, dando
forma entre mis dedos a sus pétalos de arena.
Después,
el tiempo hizo la trama, cada vez,
más y más densa, hasta
ocultar el horizonte.
Ahora,
será necesario rasgar la piel de seda
de la noche,
para estrenar mi vestido de novia.
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